A).- La revolución de independencia.
Antecedentes I. El Siglo de las Luces
En el siglo XVIII, para estudiar, trabajar y
organizarse, muchos hombres y mujeres empezaron a
confiar más en la razón que en la autoridad. Se
atrevieron a revisar y a rectificar lo que habían dicho
los sabios del pasado. Sintieron que la razón era una
luz poderosa que acababa con las tinieblas de la
ignorancia, el atraso y la pobreza. Por eso llamamos a
ese tiempo el Siglo de las Luces o de la Ilustración.
Al principio sucedió en Inglaterra y en Francia; después
en el resto de Europa y en América.
Los pensadores ilustrados estaban en favor de la
libertad y de la igualdad ante la ley de todos los
hombres, y en contra de los privilegios de los reyes,
los nobles y la Iglesia católica. En los dominios
españoles de América, esas ideas contribuyeron a que
algunas personas comenzaran a creer que era posible
luchar contra los gobiernos injustos y en favor de la
independencia.
Durante el Siglo de las Luces la Nueva España tuvo un
gran crecimiento económico, basado sobre todo en la
minería. Pero esas riquezas beneficiaron sólo a los
españoles y a unos pocos criollos.
Los reyes españoles mandaban en sus territorios sin
tomar en cuenta la opinión de los habitantes. La mayoría
de los puestos importantes en el gobierno, la Iglesia
católica y el Ejército de la Nueva España se le daban a
españoles peninsulares, que habían nacido en España, en
la península ibérica. Los criollos hijos de españoles
que habían nacido en el Virreinato, tenían muchas menos
oportunidades.
Los criollos sentían que la Nueva España era su patria y
que debían participar en su gobierno, pero no eran
tomados en cuenta por las autoridades españolas. Su
descontento, junto con las diferencias entre los ricos,
que eran pocos, y los pobres, que eran muchísimos,
causaron un malestar social cada vez mayor.
B).- La independencia
Antecedentes II
Durante los dos siglos anteriores, Inglaterra había ido
ocupando algunos territorios en el norte de América,
hasta formar trece colonias. En 1776, estas colonias
lucharon contra Inglaterra para independizarse y cada
una se convirtió en un estado. Los trece estados se
unieron en una república que se llamó Estados Unidos de
América.
En 1789, estalló la Revolución Francesa. Bajo la
influencia de pensadores ilustrados, los franceses
derrocaron a su monarca, Luis XVI, y convirtieron a
Francia en una república. Los revolucionarios franceses
proclamaron los principios de libertad, igualdad y
fraternidad para todos los seres humanos. Sus ideas
circularon muy pronto por Europa y por América.
Napoleón Bonaparte llegó a gobernar Francia y se hizo
nombrar emperador. Napoleón I conquistó gran parte de
Europa y en 1808 invadió España. Obligó a los reyes
españoles a renunciar y puso en el trono a su hermano,
José Bonaparte. España y sus dominios americanos
quedaron sin el gobierno que hasta entonces habían
tenido.
Los criollos de la Nueva España se mantuvieron leales al
rey, que estaba desterrado. Pero unos pensaron que los
propios novohispanos debían gobernar su tierra, mientras
volvía el rey que Napoleón había quitado. De esa manera
no quedarían bajo el mando de los invasores. Otros
creyeron que debían obedecer al gobierno que los
españoles habían organizado en la península para
oponerse a Napoleón. Los dos grupos se enfrentaron.
Ganaron los que pensaban que lo mejor era seguir
obedeciendo al gobierno de España.
C).- La conspiración de Querétaro
Antecedentes de la independencia
Mientras tanto, al igual que sucedía en otros países de
Hispanoamérica, algunos criollos comenzaron a reunirse
en secreto para planear la forma de cambiar el gobierno
del Virreinato. En 1809, una de esas conspiraciones fue
descubierta en la ciudad de Valladolid, que ahora se
llama Morelia.
El año siguiente, Miguel Domínguez que era el corregidor
(una clase de juez) de Querétaro, y su esposa Josefa
Ortíz de Domínguez, empezaron a reunirse con algunos
militares, como Ignacio Allende y Juan Aldama. A esas
juntas también asistía el párroco de Dolores, Miguel
Hidalgo y Costilla.
La conspiración fue descubierta, pero antes de que las
autoridades pudieran apresar a los participantes, doña
Josefa lo supo y consiguió avisarle a Allende. Este
cabalgó toda la noche para ir de Querétaro a Dolores sin
que lo vieran y prevenir a Hidalgo: sus planes habían
sido delatados.
D).- Grito de Dolores
Hidalgo y Allende adelantaron la fecha en que debían
levantarse en armas. De inmediato, en la madrugada del
domingo 16 de septiembre, Hidalgo mandó tocar las
campanas de la iglesia para reunir a la gente. Les
recordó las injusticias que sufrían y los animó a luchar
contra el mal gobierno.
Sus palabras inflamaron los corazones de los habitantes
de Dolores y los convirtieron en insurgentes. Lo primero
que hicieron fue sacar a los presos de la cárcel y poner
dentro a las autoridades españolas.
Los hombres y las mujeres que siguieron a Hidalgo no
eran un ejército organizado. Era un pueblo que quería un
gobierno justo, en el que pudiera participar. No tenían
armas suficientes, pero tomaron palos, hondas, machetes
e instrumentos de labranza. Hidalgo comenzó su marcha
con seiscientos hombres, que en pocos días llegaron a
casi ochenta mil. Indios, mestizos, criollos y algunos
españoles; militares, peones, mineros y sacerdotes iban
mezclados.
La campaña de Hidalgo
La campaña de Hidalgo comenzó en Atotonilco. Allí,
Hidalgo tomó un estandarte con la Vírgen de Guadalupe.
Cuando los insurgentes llegaron a Guanajuato, el
intendente quiso defender la ciudad y se encerró, junto
con los españoles ricos, en la Alhóndiga de Granaditas.
Según se cuenta, un minero apodado el Pípila, se echó a
la espalda una losa de piedra, llegó a la puerta de la
alhóndiga y le prendió fuego.
La tropa tomó el edificio, mató a sus ocupantes y saqueó
la ciudad, hecho que Hidalgo y Allende no pudieron
evitar. Días después siguieron a Valladolid, que se
rindió sin luchar pues sus habitantes estaban
atemorizados por lo que había sucedido en Guanajuato.
Cerca de Valladolid, José María Morelos, fue a hablar
con Hidalgo, que había sido su maestro. Este le encargó
que levantara en armas el sur de la Nueva España y se
apoderara de Acapulco, el puerto más activo en el
Pacífico. Dominar un puerto era importante para
comunicarse con el exterior.
Hidalgo tomó Zitácuaro y Toluca, y avanzó hacia la
ciudad de México. En las cercanías de la capital, en la
batalla del Monte de las Cruces, logró una victoria
total contra el ejército realista, el de los españoles.
Tras ese triunfo, Allende propuso que fueran sobre la
capital, pero Hidalgo se opuso. Tal vez consideró que no
tenía hombres y armas suficientes, o temió que la ciudad
fuera saqueada como Guanajuato. El caso es que prefirió
regresar a Valladolid; desalentados por esa decisión,
muchos de sus seguidores abandonaron el ejército.
Poco después los insurgentes fueron atacados por Félix
María Calleja en Aculco, en el hoy Estado de México, y
sufrieron una terrible derrota. Quedaron casi
aniquilados y perdieron muchas armas y provisiones.
Hidalgo se retiró a Guadalajara, donde se suprimió la
esclavitud y los tributos (impuestos debidos en
productos) que pagaban los indios. Mientras tanto, en
otras partes del país habían estallado revueltas que
seguían su ejemplo.
Finalmente, el 16 de enero de 1811, los insurgentes
fueron vencidos de nuevo, de manera definitiva, por
Calleja, en Puente de Calderón, cerca de Guadalajara.
Con unos cuantos soldados, Hidalgo y Allende marcharon
al norte para comprar armas en la frontera. En Coahuila,
fueron traicionados y apresados, junto con Aldama y José
Mariano Jiménez. En la ciudad de Chihuahua se les
sometió a juicio y se les condenó a muerte. Hidalgo fue
ejecutado el 30 de julio de 1811. Su cabeza, y las de
Allende, Aldama y Jiménez, fueron puestas en jaulas de
hierro, en las esquinas de la alhóndiga, en Guanajuato,
como advertencia a la población.
La campaña de Morelos
Mientras tanto, José María Morelos había levantado un
ejército no muy numeroso pero bien organizado y animado
de fervor patriótico, que iba sumando triunfos.
La campaña de Morelos comenzó bien organizada. Morelos
se apoderó de Cuautla en febrero de 1812. Calleja no
pudo arrebatarle la ciudad y entonces la sitió. Sin
embargo, los habitantes de Cuautla la defendieron con
heroísmo. Después de unos meses Morelos logró salir de
esa ciudad. Después reorganizó su ejército y tomó
Orizaba, Oaxaca y Acapulco. Morelos llegó a la
conclusión de que hacía falta un gobierno que unificara
el movimiento de independencia, y decidió organizar un
Congreso para que redactara una constitución. El
Congreso de Anáhuac se reunió durante cuatro meses en
Chilpancingo.
Ante el Congreso, Morelos presentó un documento titulado
Sentimientos de la Nación. Allí declaró que el país
debía ser independiente, y propuso la abolición de la
esclavitud y la igualdad de todos los hombres ante la
ley. El Congreso le concedió el título de Alteza, pero
Morelos lo rechazó y adoptó el de Siervo de la Nación.
En 1814, el Congreso elaboró la Constitución de
Apatzingán, el primer conjunto de leyes mexicanas. Nunca
entró en vigor, porque los insurgentes comenzaron a
sufrir una derrota tras otra. Morelos fue hecho
prisionero cuando escoltaba al Congreso camino a
Tehuacán. Fue fusilado en San Cristobal Ecatepec, en el
ahora Estado de México, el 22 de diciembre de 1815.
El gobierno virreinal intentó tranquilizar al país, pero
el descontento continuaba. Habían muerto los primeros
caudillos de la independencia, pero nuevos jefes
insurgentes continuaron en pie de guerra. Entre otros,
Nicolás Bravo, Pedro Moreno y Guadalupe Victoria.
Vicente Guerrero mantuvo viva la llama de la rebelión en
las montañas del sur.
E).- La consumación de la Independencia
Mientras Hidalgo y Morelos combatían por la
independencia, en España el pueblo luchaba para expulsar
a los franceses, que los había invadido en 1808. El
gobierno provisional que habían formado los españoles
convocó a una junta de representantes de todo el
imperio, incluyendo las colonias, que se reuniría en el
puerto de Cádiz.
En los dominios españoles de América hubo gran interés,
pues era la primera vez que se tomaba en cuenta a los
criollos. A las Cortes de Cádiz (nombre que se dio al
congreso de representantes de todo el imperio español)
acudieron diecisiete representantes de la Nueva España.
Estos diputados exigieron que los españoles y los
hispanoamericanos fueran iguales ante la ley; que se
suprimieran las castas (la discriminación a quienes eran
hijos de las mezclas entre españoles, indios y negros);
se abrieran más caminos, escuelas e industrias; que los
habitantes de la Nueva España pudieran participar en su
gobierno; que hubiera libertad de imprenta y se
declarara que la soberanía (el derecho a mandar, la
autoridad para gobernar) reside en el pueblo.
La Constitución Política de la Monarquía Española, como
se llamó el documento que produjeron las Cortes, se
promulgó en marzo de 1812. El documento limitó los
poderes del rey y estableció que todos los habitantes
del imperio, nacidos en España o en América, eran
iguales; también eliminó el tributo (impuesto debido en
productos) que pagaban los indígenas.
Muchos diputados americanos y españoles estaban de
acuerdo con que la situación cambiara; querían libertad
y un gobierno apegado a las leyes. Eran liberales.
Muchos otros no querían que las cosas cambiaran;
pensaban que era mejor conservarlas como estaban. Eran
conservadores.
Con la Constitución de Cádiz en vigor, los territorios
de América tenían derecho a enviar representantes a
España para defender sus intereses. Sin embargo, cuando
las tropas de Napoleón fueron expulsadas de España, en
1814, subió al trono Fernando VII y se negó a gobernar
conforme a la Constitución.
En España muchos liberales fueron perseguidos y
encarcelados por el gobierno del rey Fernando VII. En
1820 lograron el apoyo de una parte del ejército y
obligaron a Fernando VII a que gobernara de acuerdo con
la Constitución de Cádiz. Aunque el rey no tardó en
deshacerse de ella y volvió a mandar como déspota, ese
breve tiempo en que se vió obligado a aceptar la
Constitución tuvo consecuencias muy importantes en la
Nueva España.
F).- La Nueva España hacia 1820.
La consumación de la independencia
En abril de 1817, el liberal español Francisco Javier
Mina llegó a la Nueva España para luchar del lado de los
insurgentes. Lo acompañaba el sacerdote mexicano Fray
Servando Teresa de Mier.
Cuando Napoleón invadió España, Mina dejó sus estudios
para combatir a los franceses pero fue capturado y
estuvo prisionero en Francia hasta que Fernando VII
recuperó su trono. Mina regresó a España, y al saber que
el monarca traicionaba la Constitución se levantó en
armas. Derrotado, huyó a Inglatera, donde conoció a ray
Servando, quien lo convenció de que peleando por la
independencia de México cabatiría mejor contra el rey
español.
Mina llegó a Soto la Marina, en el Golfo de México, con
tres barcos y poco más de trescientos hombres, con el
apoyo económico de Inglaterra y de los Estados Unidos de
América, ya que a estos países les interesaba debilitar
a España. Mina ganó algunas batallas, ayudó al
insurgente Pedro Moreno, recorrió el Bajío e intentó
tomar Guanajuato.
Seis meses después de su llegada, Mina fue hecho
prisionero y unos días después, fusilado.
Al llegar 1820, muchos de los insurgentes habían sido
derrotados, pero algunos se mantenían en pie de lucha.
Los dirigían, entre otros Juan Alvarez, Guadalupe
Victoria y Vicente Guerrero.
Los españoles y los criollos ricos habían estado en
contra de Hidalgo y de Morelos, y en contra de las
Cortes de Cádiz. Sin embargo, en 1820 también ellos
creyeron llegado el momento de que la Nueva España se
independizara. No estaban de acuerdo con las ideas de
igualdad y de soberanía popular, ni les interesaba mucho
mejorar las condiciones en que vivía la gente. Pero no
querían obedecer la Constitución de Cádiz, que en España
acababa de ser puesta nuevamente en vigor, así que
decidieron apoyar la independencia. Si la Nueva España
se hacía independiente, ellos podrían controlar la
situación y mantener sus privilegios.
Ahora fueron los criollos ricos y los españoles quienes
empezaron a conspirar, en la iglesia de La Profesa, en
la ciudad de México. En esas reuniones se decidieron por
la independencia; pero antes necesitaban pacificar el
Virreinato. Para conseguirlo, lograron que el virrey
enviara al coronel criollo Agustín de Iturbide a
combatir contra Vicente Guerrero.
Iturbide intentó derrotar a Guerrero, pero el insurgente
conocía tan bien las serranías del sur que no hubo
manera de vencerlo. El virrey convenció al padre de
Guerrero de que le ofreciera el perdón a su hijo y le
pidiera que dejase la lucha; el caudillo contestó: «La
patria es primero».
Entonces, en enero de 1821 Iturbide le escribió a
Guerrero pidiéndole que se reunieran para hablar sobre
la independencia. Lo hicieron primero en Acatempan y
después en Iguala, donde Guerrero aceptó apoyar a
Iturbide, pues con eso ya no habría obstáculos para
alcanzar la libertad de la nación.
A los dos les interesaba completar la independencia.
Guerrero era el continuador del movimiento iniciado por
Hidalgo y por Morelos; Iturbide representaba los
intereses de los criollos ricos y de los propios
españoles que vivían en América y no querían ya depender
de España.
G).- Triunfo de la independencia
El 24 de febrero de 1821, con el respaldo de Guerrero,
Iturbide firmó un documento en que invitaba a todos los
habitantes de la Nueva España a olvidar sus divisiones y
a unirse para alcanzar la independencia. A este
documento se le llamó Plan de Iguala o de las Tres
Garantías.
Las tres garantías eran los motivos que los unían:
religión única (la católica), unión de todos los grupos
sociales, e independencia de México, que sería una
monarquía constitucional.
A mediados de 1821 llegó a la Nueva España Juan O´Donojú,
el último español enviado para gobernarla. O´Donojú se
dio cuenta de que los mexicanos querían la
independencia. Convencido de que no podría gobernar y de
que era imposible cambiar lo que se había avanzado para
la liberación del país, O´ Donojú firmó con Iturbide los
Tratados de Córdoba, mediante los cuales reconoció la
Independencia de México.
El 27 de septiembre de 1821, al frente del Ejército
Trigarante, o de las Tres Garantías, Iturbide entró
triunfante a la ciudad de México. Todo el país celebró
la consumación de la independencia.
La rebelión que había comenzado en 1810 terminaba por
fin. La nueva nación comenzaba su propia vida. Todos
insistían en las riquezas de México y le profetizaban
una vida esplendorosa. Pocos se daban cuenta de que la
guerra lo había empobrecido; faltaban caminos y había
grandes territorios deshabitados. La sociedad había
quedado desorganizada y el desorden político era
abrumador, se tenía que organizar un gobierno propio.