Profra. María Jesús Gracia López
Al pretender ofrecer una educación que responda a los
requerimientos actuales del aquí y del ahora, de los
niños de este momento histórico determinado,
indiscutiblemente no se puede dejar de lado el atender a
las Necesidades Básicas de Aprendizaje (NBA), las cuales
desde la perspectiva de la Conferencia Mundial de
Educación para Todos, realizada en 1990, son los
"Conocimientos, capacidades, actitudes y valores
necesarios para que las personas sobrevivan, mejoren su
calidad de vida y sigan aprendiendo". Fundamentalmente
se plantea que desde las instituciones educativas se
debe favorecer la lectura y escritura, expresión oral,
cálculo y resolución de problemas como las herramientas
que posibilitan acceder a los conocimientos teóricos y
prácticos, las actitudes y los valores necesarios para
el presente y para el futuro.
Ya ubicados en el contexto de la educación preescolar,
habría que reflexionar sobre qué se hace en los jardines
de niños para favorecer dichas Necesidades Básicas de
Aprendizaje. Considero que sí hay atención a algunas de
ellas, pero que la misma se realiza quizá más de forma
intuitiva y menos sistemática en cuanto al tiempo y la
calidad del diseño y aplicación de actividades; no
obstante, existen docentes quienes tienen conciencia y
conocimiento de ellas, y en consecuencia realizan una
intervención educativa donde se evidencia la atención
permanente a la lectura, escritura, expresión oral,
cálculo y resolución de problemas en las actividades
diarias, las cuales tienen propósitos educativos claros.
Sin embargo, esta última no es la situación imperante en
la educación preescolar.
En concordancia con la atención a las NBA, en el Plan de
estudios 1999 de la Licenciatura en Educación Preescolar
se atiende a ese enfoque y específicamente en la
asignatura de Taller de Diseño de Actividades Didácticas
se proponen seis estrategias básicas para el trabajo
sistemático con los niños, las cuales tienen la función
de ser el medio o instrumento utilizado para favorecer
sus competencias en todos los campos del desarrollo. Es
necesario establecer que las que se proponen no son las
únicas, que se pueden modificar, pero que son una
propuesta interesante y oportuna para atender a los
planteamientos de la Conferencia Mundial de Educación
para Todos.
Si bien es cierto ya se ha planteado el sustento en
términos generales, pero, ¿cómo llevar esos elementos al
terreno del ejercicio docente?, ¿qué caminos o formas de
trabajo debe utilizar la educadora para la atención a
las Necesidades Básicas de Aprendizaje?, ¿cómo priorizar
los propósitos educativos? En el nivel de educación
preescolar los propósitos de la intervención educativa
han de estar referidos única y exclusivamente al
desarrollo del niño en todos sus campos. Pero... ¿por
qué al desarrollo del niño? Básicamente porque en este
nivel educativo los niños ya poseen un conjunto de
competencias logradas en sus ambientes familiar y social
que pueden y deben continuar desarrollando en este
importante espacio educativo. Así pues, partiendo de que
los propósitos educativos son propósitos del desarrollo
del niño y que tienen relación estrecha con las NBA, hay
que establecer que existen diversas opciones de
intervención que se pueden utilizar para el logro de las
intenciones establecidas.
Tomar la decisión de cuál es la forma o modalidad de
trabajo más adecuada en el aquí y en el ahora,
atendiendo a las circunstancias específicas del momento
y del grupo escolar y teniendo como punto central la
atención a los propósitos educativos, no resulta una
tarea sencilla. La decisión se debe basar en el
conocimiento y en la certeza de que la aplicación y
manejo de varias modalidades de intervención a la vez,
parten de un enfoque globalizador, tal como lo plantea
Antoni Zavala (2000) en La práctica educativa. Cómo
enseñar, esbozándolo como una manera de organizar los
contenidos, así como de concebir y organizar la práctica
docente, en donde se comprenda el desarrollo del niño
como punto de partida y de llegada del proceso
educativo.
En definitiva, la diversidad de formas de trabajo
obedece a una concepción en la cual está presente la
atención a la diversidad con diversidad y donde un
método exclusivo no puede resolver las diversas
situaciones y planteamientos que se presentan en los
procesos educativos. La gama de propósitos educativos es
diversa y hay que buscar las formas idóneas para
lograrlos. ¡Qué ilógico es y sería, en la era de la
diversidad, seguir con esquemas de prácticas docentes
rígidas, a partir de modelos únicos y con poca
posibilidad de innovación!
En ese sentido, el trabajar con diversas formas de
intervención representa una serie de ventajas en la
atención a propósitos educativos, en el desarrollo de
las competencias del niño, en el trabajo docente, en el
manejo de los contenidos y en la variación de
actividades. En términos generales los beneficios de la
diversificación del trabajo docente se pueden concretar
en realizar una intervención más pertinente, en donde
toda actividad sea planteada para favorecer las
competencias cognitivas, afectivas, sociales,
lingüísticas, físicas y psicomotoras de los niños, lo
que debe incidir directamente en potenciar su avance, ya
que la finalidad última es que los saberes o
conocimientos estén al servicio del desarrollo de todas
las capacidades de las personas. En este contexto, el
conocimiento por el conocimiento mismo, no tendría
sentido. Al respecto existen en las escuelas normales un
sinfin de evidencias que dan cuenta de cómo al trabajar
con un enfoque diferente, la práctica educativa en los
jardines de niños, se han logrado avances insospechables
en los niños. Inclusive las estudiantes normalistas,
tutoras y asesoras en un inicio no alcanzábamos a
visualizar los logros y aportes de manejar de una manera
diferente la intervención educativa. Los resultados
hablan por sí solos; el beneficio en el desarrollo de
las competencias de los niños, es un hecho. La
concepción del niño como sujeto cognoscente y
constructor de su conocimiento está presente en todo
momento.
Así pues, la labor del docente juega un papel
fundamental en el logro de los propósitos educativos;
por ello, el maestro debe estar conciente de la
necesidad de reflexionar en y sobre la práctica o desde
la acción, como lo plantearía Schön (1998), pero además
conocer los diversos elementos que entran en juego al
tomar decisiones para la intervención educativa, como:
quiénes son los niños del grupo, cuáles son las
características de su entorno, qué necesidades básicas
se deben atender prioritariamente, cuál es la naturaleza
de los contenidos a manejar, qué formas de intervención
educativa son las más adecuadas para el cumplimiento de
los propósitos, entre otras.
En definitiva, la educación preescolar hoy en día
requiere de abrirse a los resultados de las
investigaciones recientes que nos hablan del gran
potencial que tienen los niños y que no se ha favorecido
su desarrollo por lo limitado de la intervención que
hemos realizado al haber subestimado sus capacidades;
nos obligamos a entender que aún cuando las prácticas
docentes no se refieran exclusivamente a métodos
globalizados (centros de interés, unidades didácticas o
proyectos) y se advierta el manejo de diferentes
modalidades de intervención, los niños aprenden de las
experiencias que se les presenten, especialmente cuando
éstas les plantean constantemente nuevos desafíos y aún
cuando no exista un eje articulador entre las
actividades que se realizan en el jardín de niños. Éste
es el reto que desde las escuelas normales se pretende
lograr; es cuestión sólo de un breve tiempo para que
éste sea compartido en el ámbito nacional por todas las
docentes de educación preescolar.
El desafío principal es asumir el reto, no temer, no
dejar para después, no escudarnos en argumentos que ni a
uno misma la convencen; es creer en el potencial del
niño y lo que podemos lograr con la intervención. El
reto está planteado; la oportunidad está en desafiarlo.